Si me preguntan por tí:
Diré que no te conozco,
Y que si te conocí,
Debió ser en otra vida.
Que no entiendo de tus manos,
De tus muecas de risa,
Ni de tus ojos de pena.
Que no conozco el nombre de tus padres,
Ni a ellos,
Tampoco el color natural de tu cabello;
Si me preguntan, les diré:
Que no sé el significado de tus tatuajes,
Ni de tu pasado,
Ni hacia donde enfocas el futuro;
Les diré
Que no sé hacia que lado de la cama duermes,
Ni de tus miedos,
Ni de tu canción favorita:
Que no sé y que no me interesa,
Quién estuvo antes,
O quién estará ahora;
Miraré tu foto con ojos de extraña y les diré:
Que no te conozco.
Y que siendo más precisa,
Ni tan siquiera te conocí.
Si me preguntan por tí, diré:
Qué no sé, pero que ahora respiro.
Que duermo completas las noches,
Y que puedo hablar porque no está esa respuesta inquisitora que siempre tienes,
Que ya no te ruego la extrema unción,
Que me enamoré de la vida,
Y que por fin no me siento culpable sólo por ser yo.
Si alguien se cuestiona qué pasó, les diré:
Qué no sé, que no estuve ahí, ni aquí, ni allí,
Y tampoco contigo,
Que no existen recuerdos a media luz,
Ni una anécdota graciosa que me agüe los ojos.
Si me preguntan:
Les enseñaré mi cuello, sin tu soga.
Les diré que me marché para nacer,
Y que al nacer de nuevo entonces,
en esta vida no te conocí.
Que por fin se acabó morir de pena,
-Porque aquello no era morir de amor-
Que ya no sé, que no me importa, que ya no quiero y que nunca debí,
Cuidarte,
Con el cuerpo mío.
